Es importante notar que las tendencias fideístas han estado siempre presentes en la historia de la cultura cristiana, y han sido defendidas con miras a salvaguardar la fe de ciertas filosofías racionalistas y nihilistas. Posiciones cercanas al fideísmo pueden ser encontradas en Tatiano y Tertuliano en la época patrística; Pedro Damian y Guillermo de Ockham en la edad media; Pascal, Kierkegaard, Chestov, Dostoyevski y Unamuno en la época moderna, pero sobre todo por Martin Lutero (1483-1546). En el siglo XIX, el agnosticismo encontró una formulación completa en L.-E. Bautain (1796-1867) y F.-R. Lamennais (1783-1854) quienes estaban seriamente preocupados por los obstáculos que el pensamiento moderno parecía poner a la fe.
Si bien la Iglesia Católica reconoce las buenas intenciones de aquellos que han desarrollado este tipo de posición, considera sin embargo tanto el fideísmo teórico como el teológico como formas de agnosticismo. Lo mismo vale para el “tradicionalismo” que tuvo proponentes en el siglo XIX como J. De Maistre (1723-1851) y L.-G.-A. De Bonald (1754-1840), quienes mantuvieron la primacía de la tradición de la Iglesia, reductivamente comprendida, contra la autoridad de la razón filosófica. Tanto el fideísmo como el tradicionalismo, en tanto que reacciones contra la ''ratio separata'' de la modernidad y en nombre de la preeminencia de la fe y la tradición, llegan a negar a la razón humana sus capacidades legítimas[https://rustore.creativityrv.com/ kingdomtoto].
El magisterio de la Iglesia Católica también considera como una forma de agnosticismo el “ontologismo” mantenido por Nicolás de Malebranche (1638-1715) – si bien el término fue acuñado por Vincent Gioberti (1801-1852) en su ''Introducción al estudio de la filosofía''. Esta posición –también atribuida inicialmente a la filosofía de Antonio Rosmini (1797-1855) hasta que se demostró que tal enfoque no era en realidad representativo del pensamiento de este autor–, buscando reaccionar contra el racionalismo y al mismo tiempo oponiéndose radicalmente al fideísmo, afirma que la razón humana puede acceder a una visión directa de la verdad en la esencia divina, en tanto que Dios no es sólo lo primero en el orden del ser, sino también en el orden del conocer. Para el ontologismo, igual que para el fideísmo, la razón humana no es en realidad una facultad autónoma, si bien puede elevarse al conocimiento de la verdad contemplándola directamente en la naturaleza divina.