Providencia y acción divina

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El debate acerca de la providencia divina en la Alta Edad Media durante el siglo trece se enmarca en la tumultuosa recepción de la filosofía aristotélica en Europa. Tomás de Aquino (1225-1274), junto con otros pensadores como su maestro dominico Alberto Magno (c.1206-1250), su amigo el filósofo y teólogo franciscano Buenaventura (1221-1274), o su colega y rival en la Universidad de París, Siger de Brabante (1240-1280), heredaron el problema de la causalidad de Dios dentro del universo creado directamente desde la filosofía árabe temprana de los siglos anteriores. Hasta el siglo doce, la filosofía y la teología cristianas habían tenido principalmente un carácter platónico, siguiendo las enseñanzas neoplatónicas de Pseudo-Dionisio y de San Agustín (354-430). Desde principios del siglo trece, sin embargo, se vio un marcado interés por el problema de la providencia divina dada la llegada de la nueva filosofía de Aristóteles, interpretada por comentaristas islámicos como Ibn-Sina (o Avicena, 980-1037) e Ibn-Rushd entre otros, para quienes uno de los temas de discusión más importantes fue la relación entre Dios como agente activo en el mundo y las causas naturales. Dada su prolífica obra y su influencia en los debates contemporáneos, sólo presentaré brevemente las ideas de Tomás de Aquino, debiendo omitir, por falta de espacio, las posturas de Alberto, Buenaventura y Siger.
El debate árabe llegó a la atención de Tomás de Aquino a través de las obras del rabino Maimónides, un filósofo judío del siglo doce (1135-1204), y las traducciones latinas de los comentarios de Ibn-Rushd sobre Aristóteles, realizadas durante la misma vida de Tomás sobre todo por el fraile dominico español flamenco Guillermo de Moerbeke (1215-1286). La suma importancia de este debate para Tomás de Aquino se puede ver en referencias y análisis detallados a lo largo de sus obras, desde el ''Comentario de las Sentencias de Pedro Lombardo'' a la ''Summa Contra Gentiles'', ''Quaestiones Disputatae De Veritate'', ''De Potentia Dei'' y la madura ''Summa Theologiae''. La postura de Tomás de Aquino intenta recuperar las mejores características de cada uno de los dos extremos dentro del pensamiento árabe afirmando tanto la autonomía causal de los agentes naturales creados como la acción providente divina en el universo a través de las mismas causas segundas creadas.
Tomás de Aquino mantuvo una posición consistente con respecto a la acción providente de Dios en el universo, su relación con las causas naturales, y el hecho de que estas causas naturales eran contingentes en su causar, azarosas, y a veces incluso aleatorias. Para Tomás, la acción providente de Dios se realiza en tanto que causa primera a través de las mismas acciones de las causas segundas creadas, que, en sí mismas, son causas contingentes, es decir, que pueden no determinar en sentido estricto el efecto causado. Para Tomás de Aquino, un Dios providente que permite un mundo de causas creadas contingentes es más perfecto que un mundo puramente determinista.
ISSN: 2524-941X
 
 
 
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